Ir al contenido principal

Y el tiempo no para

Algo comienza para terminar: la aventura no admite añadidos; sólo cobra sentido con su muerte. Hacia esta muerte, que acaso sea también la mía, me veo arrastrado irremisiblemente. Cada instante aparece para traer los siguientes. Me aferro a cada instante con toda el alma; sé que es único, irremplazable, y sin embargo, no movería un dedo para impedir su aniquilación. El último minuto que paso – en Berlín, en Londres – en brazos de una mujer conocida la antevíspera – minuto que amo apasionadamente, mujer que estoy a punto de amar – terminará, lo sé. En seguida partiré a otro país. Nunca recuperaré esta mujer, ni esta noche. Me inclino sobre cada segundo, trato de agotarlo; no dejo nada sin captar, sin fijar para siempre en mí, nada, ni la ternura fugitiva de esos hermosos ojos, ni los ruidos de la calle, ni la falsa claridad del alba; y sin embargo, el minuto transcurre y no lo retengo; me gusta que pase.

J. P. Sartre.

Comentarios

naoko. dijo…
me gusta que pase pero, como canta pángaro "quisiera estar por siempre así, como una estatua de nylon, por la eternidaaaad". soy demasiado melancólica para aferrarme al presente nomás.
besos
fpz dijo…
Qué vértigo, Ronsino, esto de que la vida ruede sobre una textura enjabonada. Será que uno escribe para setear algo propio en modo pausa? No sé, fijese.

Entradas más populares de este blog

Taller de lectura

Nuevo libro

Dos reseñas de Notas de campo:

Revista Ñ: 
https://www.revistaenie.clarin.com/revista-n/literatura/profesores-violin-chivilcoy_0_SyJr0Czae.html

Revista Los Inrocks:
http://www.losinrocks.com/musica/hernan-ronsino-ensayo-notas-de-campo

Notas de campo: Quinta entrega

La escritura de Alfredo Gómez Morel se funda sobre una vida negada y perseguida. Gómez Morel tiene algo de “El Niño Proletario” de Lamborghini pero, a diferencia de Stroppani, hará sonar, de a poco, su propia voz. Es el desplazado que cuenta. Gómez Morel escribe desde la cárcel de Valparaíso su libro más famoso, El Río, publicado en 1962. La solapa, esa forma de reproducir mitos, dice que estuvo preso más de doscientas veces y que fue custodio de Perón en la década del setenta, un dato, por otro lado, incomprobable. Luego de El Ríoescribió La Ciudad y El Mundo componiendo una trilogía autobiográfica. El río es el Mapocho. Ese hilo de agua, oscuro, que baja de las montañas y atraviesa a Santiago de Chile. Pero el Río, así, con mayúsculas es también un espacio de contención para los pelusas que, poco a poco, irán filtrándose en el mundo de la delincuencia. Gómez Morel en El Ríocuenta, entonces, su vida. La vida de un chico que fue despreciado y golpeado por una madre prostituta; intern…