Ir al contenido principal

Del Estallido a la Felicidad

En las puertas del mismo local, pero con cinco años de diferencia, el relieve de dos postales.
Antes, en la calurosa noche del 20 de diciembre, el local de articulos del hogar estaba amurallado, y en la esquina ardían cubiertas y se escuchaban los estruendos de las cacerolas.
Anoche, en las puertas de ese mismo local, luminoso, ahora, adornado para la navidad, dos camiones descargaban electrodomésticos que, sin dudas, satisfacen, llenan, realizan, a los gritos estruendosos de la cada vez más lejana noche calurosa.

Comentarios

fpz dijo…
Error. No hay más que la poderosa ilusión de estar satisfechos, llenos, realizados. La saciedad es ilusión, de ahí lo poderoso de este mecanismo que se perpetua una y otra vez. Y mientras seguimos pagando la felicidad en cuotas ad eternum.
FMM dijo…
Bailamos por un sueño
Cantamos por un sueño
Pagamos por un sueño

shhhh... Ronsino... no nos despierte!

zzzzzzzzzzzzzz

zzzzzzzzzzzzzz

Entradas más populares de este blog

Taller de lectura

Notas de campo: Quinta entrega

La escritura de Alfredo Gómez Morel se funda sobre una vida negada y perseguida. Gómez Morel tiene algo de “El Niño Proletario” de Lamborghini pero, a diferencia de Stroppani, hará sonar, de a poco, su propia voz. Es el desplazado que cuenta. Gómez Morel escribe desde la cárcel de Valparaíso su libro más famoso, El Río, publicado en 1962. La solapa, esa forma de reproducir mitos, dice que estuvo preso más de doscientas veces y que fue custodio de Perón en la década del setenta, un dato, por otro lado, incomprobable. Luego de El Ríoescribió La Ciudad y El Mundo componiendo una trilogía autobiográfica. El río es el Mapocho. Ese hilo de agua, oscuro, que baja de las montañas y atraviesa a Santiago de Chile. Pero el Río, así, con mayúsculas es también un espacio de contención para los pelusas que, poco a poco, irán filtrándose en el mundo de la delincuencia. Gómez Morel en El Ríocuenta, entonces, su vida. La vida de un chico que fue despreciado y golpeado por una madre prostituta; intern…

Notas de campo: Cuarta entrega

Desde que la pelota sale de los pies de Tostao hasta que Pelé dispara contra el arco de Uruguay, sólo pasan seis segundos. Y en esos seis segundos se teje una jugada que quedará grabada para la historia del fútbol. La escena sucede en el partido de la semifinal del mundial‘70, en México. Faltan pocos minutos para que Brasil le gane tres a uno a Uruguay. Las cosas están definidas. No va a pasar nada relevante que pueda alterar el dato objetivo de la historia. Sin embargo, lo que ocurre es un acontecimiento. Es decir, eso impensado que irrumpe para sacudir algo del presente y condicionar, como un fantasma, el futuro. Tostao le pasa la pelota a Pelé. Pelé, a la carrera, encara al arquero uruguayo Mazurkiewicz y en la carrera se ilumina. Deja que la pelota siga su marcha y pase por un lado para, después, hacer un dribling y esquivar al arquero por el otro. Luego, superado al arquero – que tira un manotazo desesperado –, alcanza la pelota y patea con el arco casi libre – un defensor urugu…