3.11.10

la pasión

Nunca me había pasado en mis 35 años haber llorado por la muerte de un político. Como tampoco en estos años me había emocionado con los discursos de un político. Y eso me pasaba con los de Kirchner y Cristina. Esa emoción de las palabras, de los discursos, lo que me despertaba escucharlos, se trasladó el miércoles 27 de octubre a lo que sentí cuando escuché que Kirchner había muerto. Y, a la vez, sentí profundamente de qué modo la historia argentina me estaba golpeando. Enseguida pensé en la relación de los cuerpos puestos en la historia. Los cuerpos atravesados por la pasión. Combatiendo en la historia. Y la relación de esos cuerpos con la muerte. Pensé, entonces, en el fusilamiento de Dorrego, en la muerte de Facundo Quiroga, pensé en el suicidio de Alem, en la muerte de Evita, en la muerte de Perón. La lucha y la muerte de cada uno de estos cuerpos apasionados abrieron la historia. Cada uno de estos líderes tiene sentido puesto en su contexto. Desde ahí se los entiende. Pero los une, los pone en relación el haber sido cuerpos apasionados, líderes de movimientos populares, que mueren luchando en la historia. Si bien es cierto que hubo varios presidentes que murieron en el ejercicio del poder, sus muertes no provocaron un antes y un después, provocaron más bien una crisis superficial. En cambio, la muerte de cada uno de estos cuerpos apasionados provoca una torsión, inesperada, en el devenir de los sucesos. Esa idea del acontecimiento que habla Foucault: lo inesperado transformando el devenir de la historia. Y así la muerte de estos cuerpos encarna, entonces, ese giro brusco, poderoso, potente. Cargado de posibilidades y de frustraciones. La muerte de Kirchner está en esta línea. Me atrevo a poner en esta genealogía a la muerte de Kirchner. Cuerpos apasionados –líderes de movimientos populares– que mueren combatiendo. La muerte de Kirchner termina de articular la emergencia de un nuevo cuerpo político que se fue gestando desde la crisis de 2001. Lo visibiliza. Un nuevo cuerpo político, joven, capaz de movilizarse. Asqueado de las estrategias neoliberales. Dispuesto a multiplicarse. Como sucederá, sin dudas, a partir de ahora.

PARA EL UNIVERSO CULTURAL, UNA PÉRDIDA QUE DEJA HUELLAS

Cameron