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Mostrando las entradas de agosto, 2006

Al mar

Parece un Capitán. Tranquilo, mirando el mar. Parece, es lo primero que me nace, un Capitán en el borde de un muelle, por ejemplo, sentado entre cuerdas que amarran y liberan; un Capitán que ha laburado, que se ha ganado, por decirlo así, el pan; y ahora, sereno, espera el vaso de vino, la noche, el refugio, los cuentos inventados por algún fulano; espera el suave frío trepándole por la cara, después, cuando el mar, el viento del mar, otra vez, se le hunda en el cuerpo.
Estos tipos, Cacho, por ejemplo, a mí, me han enseñado a escribir. Me han dicho, sin decir, lo que es la literatura. No hay Facultad que pueda enseñarme, lo que Cacho, o los tipos como Cacho, ese silencio doloroso aguantado en un rincón del Desarmadero de Porra; ese silencio de domingo al mediodía; la bicicleta junto al poste de luz; el broche en la botamanga; la piel, inexorablemente, hundiéndose, entre los pómulos; esa soledad larga, de fin del mundo: hasta que un día, de cualquier manera, no importa la forma, alguien…