Ir al contenido principal

El que dijo basta

El que seguro no leyó a Lipovesky. El que no se sabía si había sido boleta, porque andaba metido en algo. El que llegó tarde y se mantuvo, en un rincón, calladito, escuchando las boludeces que sus ex compañeros decían, a lo largo de la noche, y de forma sistemática para divertirse, (Con la democracia se come se cura y se educa; Patria sí, colonia no): ése, en un momento, golpeó la mesa, provocó un silencio espeso, y dijo que hay cosas con las que no se puede joder. Dijo, el tipo que no había leído a Lipovesky y que zafó de ser boleta porque casi seguro estaba metido en algo: basta, basta de boludeces. Dijo basta, el tipo. Dijo, entonces, algo contundente.
Se trata del segundo monólogo de los 4 Jinetes Apocalípticos, de José Pablo Feinmann, representados de forma impecable por Mauricio Dayub, y reestrenados esta semana en el Multiteatro.
El entretenimiento irónico crece, se desparrama, amorfo, desde hace unos años en la sociedad global: lo va ganando Todo. Dice, ese discurso, por ejemplo, que las ideologías han muerto. Da la sensación que se hace cada vez más difícil ponerle un freno. Decir con contundencia algo. Por ejemplo: decir basta. Y que ese grito tenga consecuencias concretas. E impedir que esa contundencia sea devorada, luego, inevitable, por la masa amorfa, viscosa de la ironía entretenida, que le va quitando, desactivando cualquier consecuencia, cualquier efecto, por ejemplo, político que entrañe el grito contundente.
Por eso, en la obra, al que dijo basta lo dejan solo, será el "gil" al que le harán pagar la cuenta.

Comentarios

naoko. dijo…
yo creo que siempre hay que gritar Basta, aunque pase como en el Chavo del 8, justo cuando todos se quedan en silencio uno queda como un loco y bueno... los locos dicen la verdad.
Damián Luciani dijo…
Este mensaje se autodestruirá apenas lo leas.
Incluime en tus links!
http://fuegointernodamianluciani.blogspot.com/
Gracias Damián

Entradas más populares de este blog

Taller de lectura

Notas de campo: Quinta entrega

La escritura de Alfredo Gómez Morel se funda sobre una vida negada y perseguida. Gómez Morel tiene algo de “El Niño Proletario” de Lamborghini pero, a diferencia de Stroppani, hará sonar, de a poco, su propia voz. Es el desplazado que cuenta. Gómez Morel escribe desde la cárcel de Valparaíso su libro más famoso, El Río, publicado en 1962. La solapa, esa forma de reproducir mitos, dice que estuvo preso más de doscientas veces y que fue custodio de Perón en la década del setenta, un dato, por otro lado, incomprobable. Luego de El Ríoescribió La Ciudad y El Mundo componiendo una trilogía autobiográfica. El río es el Mapocho. Ese hilo de agua, oscuro, que baja de las montañas y atraviesa a Santiago de Chile. Pero el Río, así, con mayúsculas es también un espacio de contención para los pelusas que, poco a poco, irán filtrándose en el mundo de la delincuencia. Gómez Morel en El Ríocuenta, entonces, su vida. La vida de un chico que fue despreciado y golpeado por una madre prostituta; intern…

Nuevo libro

Dos reseñas de Notas de campo:

Revista Ñ: 
https://www.revistaenie.clarin.com/revista-n/literatura/profesores-violin-chivilcoy_0_SyJr0Czae.html

Revista Los Inrocks:
http://www.losinrocks.com/musica/hernan-ronsino-ensayo-notas-de-campo