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Notas de campo: Cuarta entrega

Desde que la pelota sale de los pies de Tostao hasta que Pelé dispara contra el arco de Uruguay, sólo pasan seis segundos. Y en esos seis segundos se teje una jugada que quedará grabada para la historia del fútbol. La escena sucede en el partido de la semifinal del mundial‘70, en México. Faltan pocos minutos para que Brasil le gane tres a uno a Uruguay. Las cosas están definidas. No va a pasar nada relevante que pueda alterar el dato objetivo de la historia. Sin embargo, lo que ocurre es un acontecimiento. Es decir, eso impensado que irrumpe para sacudir algo del presente y condicionar, como un fantasma, el futuro. Tostao le pasa la pelota a Pelé. Pelé, a la carrera, encara al arquero uruguayo Mazurkiewicz y en la carrera se ilumina. Deja que la pelota siga su marcha y pase por un lado para, después, hacer un dribling y esquivar al arquero por el otro. Luego, superado al arquero – que tira un manotazo desesperado –, alcanza la pelota y patea con el arco casi libre – un defensor uruguayo trata de cubrirlo. Pero la pelota, como diría un viejo cronista de fútbol, sale de la cancha besando el poste izquierdo.
Esta jugada de Pelé funda, de alguna manera, El regate, la extraordinaria novela del escritor brasileño Sérgio Rodrigues. Regate significa gambeta, dribling. Murilo Filho es un gran cronista de la historia del fútbol brasileño, está viejo y enfermo y le muestra, en un video que adelanta y retrocede todo el tiempo, la jugada de Pelé a su hijo, Neto. Hace años no se ven y tienen, desde toda la vida, una historia de violencia, traición y resentimiento. Ahora se reencuentran porque Murilo está por morir. Y en ese reencuentro – Murilo tiene una gran imposibilidad de mostrar sus afectos o de pensar en el pasado – aparece el fútbol como una forma de comunicación y de negación a la vez. El fútbol es en la novela una dimensión cultural de gran importancia. No se trata del culto al fútbol por el fútbol mismo sino que se lo piensa como un rasgo de identidad cultural. Y es lo que permite, a su vez, que padre e hijo tengan un vínculo.
La contracara de esa jugada “fallida” de Pelé puede ser una que Murilo le muestra a Neto en otro video que tiene las imágenes en muy mal estado. Se trata de un partido del mundial ’58 entre Brasil y Francia. Allí se lo ve a Pelé con tan sólo diecisiete años, allí se lo ve a Garrincha también. Es el equipo brasileño que ganará la primera copa del mundo. Murilo, entonces, le muestra a su hijo un fragmento – apenas veinte minutos – de ese partido. Van cero a cero y no sólo Brasil está jugando mal también lo hace ese joven Pelé. Pelé, dice Murilo, hace todo mal. Y además ni Brasil ni Francia se sacan ventaja. Pero lo curioso es que no sólo Brasil hará historia ese día ganándole cinco a dos a Francia, también hará historia Pelé jugando un partido increíble.
En ningún momento de ese fragmento elegido se sospecha semejante resultado. El fragmento elegido es el peor momento del partido. Es la parte más aburrida. “El fútbol es así: un caos”, dice Murilo. “El fútbol está lleno de planicies inmensas, de horas muertas (…) en las horas muertas puede acontecer cualquier cosa. El fútbol sólo puede revivirse en mejores momentos, editado, podado”. Por eso mismo pienso que este fragmento puede ser la contracara de la gambeta de Pelé. El tiempo interminable y amorfo, por un lado, frente a lo inesperado que cambia las cosas en tan sólo seis segundos. Si bien la jugada de Pelé “falla”, porque no es gol, irrumpe de esa nada, de esa meseta anodina para trascender, para volverse un acontecimiento, una escena que sobrevolará como un fantasma – el temor a la imperfección – en cada instante decisivo de una jugada, y así quedará incrustada, para siempre, en la memoria del fútbol.
El regate, Sérgio Rodrigues, Anagrama, 2014. Traducción, Juan Pablo Villalobos.

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