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23 de septiembre de 1973

























En enero de 2010, en el contexto del Bicentenario de la independencia de Chile, la presidenta Bachelet inaugura el Museo de la Memoria que tiene por objeto visibilizar las violaciones a los derechos humanos ocurridas entre 1973 y 1990. “No podemos cambiar nuestro pasado; sólo nos queda aprender de lo vivido”, dice Bachelet en el discurso de apertura, frase que, incluso, se puede leer al ingresar al museo. A diferencia del Espacio para la Memoria ubicado en la ex ESMA, en Buenos Aires, el museo de Chile se presenta así, como museo. Emplazado en un edificio construido de cero –una arquitectura moderna “que consigue una luminosidad natural que genera efectos inesperados”– tiene, además, por objetivo potenciar culturalmente una zona de la ciudad, el Santiago Poniente. El edificio, entonces, se levanta sobre un lugar que no registra directamente una conexión con la dictadura. Es un edificio nuevo. Allí aparece otra diferencia, por ejemplo, con la ex ESMA en donde se resignificó el espacio del horror (algo semejante ocurre en Chile pero con Villa Grimaldi o Londres 38, por ejemplo, centros de tortura ahora recuperados). A su vez, el diseño interior en el Museo de Santiago está compuesto por memoriales, objetos, fotos, elementos gráficos y audiovisuales que marcan otra forma de representar la Memoria, a diferencia de la ex ESMA en donde los espacios están vacíos.
(Seguir Leyendo: El fin de la primavera)

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