Ir al contenido principal

2012

Hace una semana escribí mi primer poema.
Lo hice sin ser consciente. Como cuando dibujaba de chico. Me gustaba dibujar de chico: tomar los lápices y hacer trazos. El tiempo pasaba como si no fuera tiempo. Cuando terminaba de dibujar sentía que regresaba. Pero técnicamente me fui convenciendo de que era malo. Y eso me alejó del mero placer de dibujar. Y del tiempo maravilloso que uno percibe cuando crea. Al empezar a escribir me reencontré con ese mundo. Pero, ahora, las puertas de la poesía estaban cerradas. Siempre me pareció imposible escribir un poema. Hace una semana escribí uno. No sé si es bueno o es malo. Lo escribí. Entonces sentí que conquistaba una zona imposible. Ayer le dije a un amigo: “Escribir un poema es como dibujar”. Y le dije que ojalá cada uno pueda descubrir y explorar y ocupar esos lugares que siente imposibles y, en esos lugares, multiplicar la imaginación (que se confunde bastante – a veces son la misma cosa– con la felicidad). Eso dije. Eso deseo.

Dignidad, sexo, poesía, lo nuevo: un puñado de deseos para 2012

Comentarios

orfilia dijo…
me gusta la complicidad de este momento:tu escritura inaugural de un poema(como si dibujaras)
orfilia dijo…
me gusta la complicidad de este momento:tu escritura inaugural de un poema(como si dibujaras)

Entradas más populares de este blog

Taller de lectura

Notas de campo: Quinta entrega

La escritura de Alfredo Gómez Morel se funda sobre una vida negada y perseguida. Gómez Morel tiene algo de “El Niño Proletario” de Lamborghini pero, a diferencia de Stroppani, hará sonar, de a poco, su propia voz. Es el desplazado que cuenta. Gómez Morel escribe desde la cárcel de Valparaíso su libro más famoso, El Río, publicado en 1962. La solapa, esa forma de reproducir mitos, dice que estuvo preso más de doscientas veces y que fue custodio de Perón en la década del setenta, un dato, por otro lado, incomprobable. Luego de El Ríoescribió La Ciudad y El Mundo componiendo una trilogía autobiográfica. El río es el Mapocho. Ese hilo de agua, oscuro, que baja de las montañas y atraviesa a Santiago de Chile. Pero el Río, así, con mayúsculas es también un espacio de contención para los pelusas que, poco a poco, irán filtrándose en el mundo de la delincuencia. Gómez Morel en El Ríocuenta, entonces, su vida. La vida de un chico que fue despreciado y golpeado por una madre prostituta; intern…

Notas de campo: Cuarta entrega

Desde que la pelota sale de los pies de Tostao hasta que Pelé dispara contra el arco de Uruguay, sólo pasan seis segundos. Y en esos seis segundos se teje una jugada que quedará grabada para la historia del fútbol. La escena sucede en el partido de la semifinal del mundial‘70, en México. Faltan pocos minutos para que Brasil le gane tres a uno a Uruguay. Las cosas están definidas. No va a pasar nada relevante que pueda alterar el dato objetivo de la historia. Sin embargo, lo que ocurre es un acontecimiento. Es decir, eso impensado que irrumpe para sacudir algo del presente y condicionar, como un fantasma, el futuro. Tostao le pasa la pelota a Pelé. Pelé, a la carrera, encara al arquero uruguayo Mazurkiewicz y en la carrera se ilumina. Deja que la pelota siga su marcha y pase por un lado para, después, hacer un dribling y esquivar al arquero por el otro. Luego, superado al arquero – que tira un manotazo desesperado –, alcanza la pelota y patea con el arco casi libre – un defensor urugu…