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Civilización/barbarie

1-Hace pocos días se inauguró en la plaza principal de Chivilcoy un monumento a Sarmiento en donde se rescata el famoso discurso dado por el sanjuanino antes de asumir la presidencia de la nación. El monumento tiene la forma de un libro abierto. El libro es el símbolo más estereotipado de la civilización sarmientina.

2-Chivilcoy era el modelo de civilización que debía implantarse en la pampa húmeda.
Dice Halperin Donghi: “Para Sarmiento, Chivilcoy es una prueba viviente de la justeza de su punto de vista; algunos gauchos antes vagos, junto con una masa heterogénea de inmigrantes, han creado una réplica austral de la democracia rural norteamericana (…) El programa de Sarmiento es claro: ´ hacer CIEN CHIVILCOY en seis años de gobierno y con tierra para cada padre de familia, con escuela para sus hijos´”.

3- El sábado 1 de diciembre de 2007 se celebró en las calles de Chivilcoy el día Nacional del Gaucho. Más de dos mil jinetes, agrupados en peñas folclóricas de distintos lugares del país, desfilaron por las calles anchas, racionales, imaginadas por Sarmiento.
Por las calles de la civilización, entonces, avanzaban los gauchos bárbaros y sus caballos dejando sobre el pueblo de Sarmiento el olor de la supuesta barbarie.

4- Tanto la forma de recordar a Sarmiento, como la forma de recordar a la figura del gaucho se entrecruzaron, el 1 de diciembre, de manera estereotipada.
Por un lado, la figura del gaucho, se supone, es la representación más cabal de lo argentino. El gaucho, antes perseguido, visto por Sarmiento como un sujeto bruto y vago, se vuelve a principios del siglo XX, por las maniobras del poder y sus intelectuales, la figura del héroe nacional que encarna la esencia de lo argentino: y el inventor de esa figura no es otro que Lugones, el poeta de la oligarquía.
Por lo tanto, el sábado 1 de diciembre había mucho de puesta en escena, de representación gauchesca, de máscara, en el desfile. Claro que otra forma de manifestar o recordar lo gaucho no existe, porque el sujeto gaucho ha desaparecido hace más de un siglo.
Pero la figura que representa lo supuestamente culto, lo civilizado, también se vuelve una figura estereotipada, es decir, se parece a una puesta en escena de lo que debe ser lo civilizado.
De este modo, tanto la supuesta civilización como la supuesta barbarie se representan, por ejemplo, de la misma manera que se recuerdan las fechas patrias en los actos escolares: a través de formas diluidas, que van vaciando de sentido (también político) la figura de cada sujeto histórico que se quiere recordar.


5- Habría que preguntarse, entonces, quiénes son los que hoy en día encarnan esta contradicción que atraviesa de forma medular la historia argentina. Quiénes son los que, desde el lugar de lo civilizado, por ejemplo, señalan con el dedo a ese otro, bárbaro y peligroso. Porque esos sujetos, los actuales, padecen, sufren día a día esta lucha visceral, la encarnan padeciéndola: no la representan de forma estereotipada sobre un caballo, envueltos en un poncho; o si no, abriendo un libro, hinchado de civilización. La padecen.
Y cada uno sabe la respuesta: cada uno sabe cuál es el nombre del otro.

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