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El reloj

Hernán Ronsino.

El relojero dice: “ya está, arreglado”. El viejo se lleva el reloj a la oreja, y después de escuchar un rato dice: “no, no”. Le pasa el reloj, otra vez, al relojero que se pone el reloj en la oreja y confirma, entonces, que sí, que el reloj funciona. El relojero, un poco más alterado, le coloca el reloj al viejo en la oreja derecha. “No, no, murmura, el viejo, en ésa no”, y se coloca, él, el reloj en la oreja izquierda. Escucha, escuchamos todos a esta altura, esperamos la confirmación. El relojero se ha puesto tenso, controla cada movimiento del viejo, espera el “sí, perfecto”, pero la cara del viejo vuelve a poner difíciles las cosas. El viejo dice que no, que no escucha ningún ruidito, que antes se escuchaba bien claro el tic tac, pero ahora no. El relojero menos diplomático vuelve a probar, confirma, dice: señor (dice “señor”, el relojero, impaciente): "escuche, por favor, anda, el reloj anda”. Una vez más, el viejo comprueba, poniéndose el reloj en la oreja izquierda, como si fuera una radio, y basta tan sólo con ese movimiento insatisfecho de cabeza para que, bruscamente, el relojero me mire, diga: “joven, usted que escucha bien, vea”. Me estira el reloj. Es un despertador que tiene setenta años, enchapado en oro, y que se pliega. Me pongo el reloj en la oreja, y los miro a los dos: el relojero espera, molesto, el viejo me mira desconfiado. Escucho un suave tic tac, que crece, lento, que encierra un mundo secreto: el corazón de la siesta, pienso, el refugio de los silencios. Entonces digo: “Anda”. Y el viejo guarda el reloj en el bolsillo del sobretodo. Y sale.

Comentarios

Susana dijo…
me di un paseíto por tus palabras, y quedé impregnada de ellas como, siempre usted llega a mi espíritu. Me encanta como jugas con ellas.

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Dos reseñas de Notas de campo:

Revista Ñ: 
https://www.revistaenie.clarin.com/revista-n/literatura/profesores-violin-chivilcoy_0_SyJr0Czae.html

Revista Los Inrocks:
http://www.losinrocks.com/musica/hernan-ronsino-ensayo-notas-de-campo

La descomposición según Sarlo.

Afinidades electivas, Por Beatriz Sarlo, en Ficciones argentinas, Mar Dulce Editora.
El narrador fue testigo casi involuntario de la muerte violenta de su mujer a quien encontró, bajo la ducha, con su hijo. Ocultó esa muerte, dijo que ella lo había abandonado y enterró el cadáver en la quinta donde vivían. Este episodio, que rearticula todo, no tiene una anticipación en las 128 páginas anteriores. La mujer, violada o amante (incestuosa), ha muerto cuando empieza La descomposición pero no se dice nada hasta esas páginas finales, excepto un indicio, al comienzo: “Ya es tiempo de levantar este luto”. Sería fácil señalar que Hernán Ronsino eligió un narrador que calla la escena crucial porque busca tensar el suspenso; o que ese narrador, dispuesto a levantar el luto, no recuerda la muerte hasta el final de la novela. Sin una anticipación fuerte, la idea de suspenso queda descartada, porque el lector no espera lo que nada le indica que va a suceder, ni desea saber más sobre un hecho que i…

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