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Lobo hambriento

La boca de Abrasiam se parece a la de un lobo hambriento.Nunca vi a un lobo hambriento, pero puedo pensar, ahora, en la boca de Abrasiam como si fuera la boca de un lobo.Me mira fijo, a los ojos.Está, como quien dice, más caliente que una pava.Es bajo, Abrasiam. Morrudo. Y tiene un manojo de venas derramadas en los ojos. Abrasiam tampoco vio lobos hambrientos: porque nació en la otra cuadra, y, toda su vida, la vivió encerrado en este pedazo de tierra, vendiendo ropa usada. Por decir una zona: del monte Pomaré hasta la escuela 2; y de la plaza principal hasta El recreo. Eso quiere decir que Abrasiam nunca vio la boca de un lobo hambriento.Entonces me doy cuenta que puedo imaginar la boca de un lobo sin haber visto nunca en la vida a un lobo.Esa idea me produce una extraña tranquilidad. Mientras Abrasiam sigue mirándome a los ojos, prepotente, más caliente que una pava, esperando, además, mi respuesta, para desatar, de una vez por todas, su esperada – algunos dicen: justa - venganza.

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