Ir al contenido principal

Confundido

Por Hernán Ronsino.
Llegué confundido a la obra de Di Benedetto.
A mí también me sucedió lo que Isidoro Blaisten cuenta en Las cosas que nunca nadie me explicó: en mi caso, siempre confundí a Antonio Di Benedetto con Antonio Dal Masetto. Pero eso sucedió hasta que, efectivamente, leí a Di Benedetto, y entonces, como pasa en todo encuentro con un gran creador, su estilo y su nombre se me volvieron inconfundibles e imborrables.

Uno de los primeros textos que leí de Di Benedetto, fue Enroscado incluido en el libro Cuentos Claros.

El universo de este cuento, de un padre y un hijo cargando con la figura de una mujer/madre ausente (En la casa que ha quedado vacía de madre, empieza diciendo el relato): está atravesado por el espíritu de la desolación y el desamparo: ese aire espeso es el que flota en las distintas piezas de las pensiones que recorren padre e hijo.

Por otro lado, el modelo familiar que predomina en Los suicidas y El silenciero, el de un narrador viviendo con su madre, y la figura de un padre ausente, en este cuento se alteran siendo la ausencia de la madre la que abre el terreno del desamparo y la pena.

Estoy hablando del cuento Enroscado. Incluido en Cuentos claros. Estamos hablando de Antonio Di Benedetto. Hoy podemos hablar de su obra. Participar de un homenaje a veinte años de su muerte, y a cincuenta años de la publicación de Zama.

Pero al consolidarse este procedimiento de homenajes, de alguna manera, se puede correr el riesgo de desactivar el espíritu crítico de su escritura, canonizándola; llegando a convertirse – hablar hoy de Di Benedetto – en un mero gesto formal.

Por lo tanto, teniendo en cuenta, justamente, el reconocido lugar que por fin ocupa en la literatura argentina, creo que es necesario mantener en un plano histórico el devenir de su escritura. Y, entonces, hablar hoy de Di Benedetto es también posicionarlo (como modelo de creación, como artista) frente a ciertas estéticas predominantes, porque, como dice Saer, las narraciones de Di Benedetto provienen de una profunda necesidad personal, indiferentes a la expectativa pública y a lo establecido. Y, sabemos, que lo establecido, casi siempre, no hace otra cosa que corporizar un ruido perecedero.

En definitiva, lo importante es que hoy, aquí, en la Biblioteca Nacional, podemos hablar de la obra de Antonio Di Benedetto como le gustaría al Silenciero, por encima de cualquier ruido dominante.

Texto leído en el Homenaje a Antonio Di Benedetto - Biblioteca Nacional - 10 de octubre de 2006

Comentarios

FMM dijo…
Me hubiese gustado presenciar su discurso de Di Benedetto...

Será la próxima. Espero llegar antes que la fama.

Entradas más populares de este blog

Nuevo libro

Dos reseñas de Notas de campo:

Revista Ñ: 
https://www.revistaenie.clarin.com/revista-n/literatura/profesores-violin-chivilcoy_0_SyJr0Czae.html

Revista Los Inrocks:
http://www.losinrocks.com/musica/hernan-ronsino-ensayo-notas-de-campo

La descomposición según Sarlo.

Afinidades electivas, Por Beatriz Sarlo, en Ficciones argentinas, Mar Dulce Editora.
El narrador fue testigo casi involuntario de la muerte violenta de su mujer a quien encontró, bajo la ducha, con su hijo. Ocultó esa muerte, dijo que ella lo había abandonado y enterró el cadáver en la quinta donde vivían. Este episodio, que rearticula todo, no tiene una anticipación en las 128 páginas anteriores. La mujer, violada o amante (incestuosa), ha muerto cuando empieza La descomposición pero no se dice nada hasta esas páginas finales, excepto un indicio, al comienzo: “Ya es tiempo de levantar este luto”. Sería fácil señalar que Hernán Ronsino eligió un narrador que calla la escena crucial porque busca tensar el suspenso; o que ese narrador, dispuesto a levantar el luto, no recuerda la muerte hasta el final de la novela. Sin una anticipación fuerte, la idea de suspenso queda descartada, porque el lector no espera lo que nada le indica que va a suceder, ni desea saber más sobre un hecho que i…

Taller de lectura