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La construcción del héroe

Cada vez que llega el Mundial, dicen que se despierta un espíritu nacionalista, que solo resiste en el fútbol.
El fútbol, hoy en día, es un gigante negocio, que alimenta a una maquinaria capitalista fenomenal.
El espíritu nacional que aflora, cada cuatro años, con un mundial, no es sino un discurso alentado por los capitales nacionales y extranjeros que apelan a cierto nacionalismo, desflecado, internalizado en la escuela (infantil) que nos emociona y nos conmueve, para hacer su negocio. El fútbol es el espacio donde resiste ese sentimiento infantil, esa especie de nostalgia: lo que brota, entonces, no es un verdadero espíritu de nación, es un sentimiento de nostalgia, por algo que ya no existe (y el Mundial lo que hace, en un mes, es recrear la ilusión de lo perdido: algo así como la Invención de Morel). De esta manera, los capitales extranjeros explotan esa nostalgia construyendo un discurso nacionalista en Argentina, pero también en Togo o en Brasil: siendo la utilización de ciertos símbolos el negocio más claro y contundente. CTI, por ejemplo, nos dice que “nos une la pasión”. O Pepsi, toma a la figura de Messi para su publicidad, o Rexona nos dice que sólo el jugador debe transpirar, poniendo a Riquelme o a Ronhaldino en un lugar de explotación: el héroe nos debe divertir.
Precisamente, todo discurso que apela a la nacionalidad necesita de un héroe o de un símbolo (por ejemplo: la voz de Maradona narrando un comercial de cerveza Quilmes, comprada por capitales brasileños): en este mundial, el discurso que fabrican los capitales extranjeros, a través de la publicidad, en Argentina, gira alrededor de la figura de Messi, como héroe. Sin dudas es un jugador diferente, pero se lo ha elevado a la condición de “sucesor de Maradona” o de “elegido” antes de que estalle como verdadera figura, por ejemplo, en un Mundial. Por esto, la maquinaria capitalista construye al héroe como un producto (así aparece Messi vendiendo electrodomésticos, papas fritas o gaseosas), y lo instala como héroe antes del combate, antes de la pelea. Vendría a ser un héroe virtual, vacío, sin marcas de guerra. Un héroe, de 17 años, sin experiencia. Virgen. Una especie de Ulises sin Troya. Pero, como producto, sin dudas, un verdadero negocio.

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