El que seguro no leyó a Lipovesky. El que no se sabía si había sido boleta, porque andaba metido en algo. El que llegó tarde y se mantuvo, en un rincón, calladito, escuchando las boludeces que sus ex compañeros decían, a lo largo de la noche, y de forma sistemática para divertirse, (Con la democracia se come se cura y se educa; Patria sí, colonia no): ése, en un momento, golpeó la mesa, provocó un silencio espeso, y dijo que hay cosas con las que no se puede joder. Dijo, el tipo que no había leído a Lipovesky y que zafó de ser boleta porque casi seguro estaba metido en algo: basta, basta de boludeces. Dijo basta, el tipo. Dijo, entonces, algo contundente.
Se trata del segundo monólogo de los 4 Jinetes Apocalípticos, de José Pablo Feinmann, representados de forma impecable por Mauricio Dayub, y reestrenados esta semana en el Multiteatro.
El entretenimiento irónico crece, se desparrama, amorfo, desde hace unos años en la sociedad global: lo va ganando Todo. Dice, ese discurso, por ejemplo, que las ideologías han muerto. Da la sensación que se hace cada vez más difícil ponerle un freno. Decir con contundencia algo. Por ejemplo: decir basta. Y que ese grito tenga consecuencias concretas. E impedir que esa contundencia sea devorada, luego, inevitable, por la masa amorfa, viscosa de la ironía entretenida, que le va quitando, desactivando cualquier consecuencia, cualquier efecto, por ejemplo, político que entrañe el grito contundente.
Por eso, en la obra, al que dijo basta lo dejan solo, será el "gil" al que le harán pagar la cuenta.
18.2.07
1.2.07
Y el tiempo no para
Algo comienza para terminar: la aventura no admite añadidos; sólo cobra sentido con su muerte. Hacia esta muerte, que acaso sea también la mía, me veo arrastrado irremisiblemente. Cada instante aparece para traer los siguientes. Me aferro a cada instante con toda el alma; sé que es único, irremplazable, y sin embargo, no movería un dedo para impedir su aniquilación. El último minuto que paso – en Berlín, en Londres – en brazos de una mujer conocida la antevíspera – minuto que amo apasionadamente, mujer que estoy a punto de amar – terminará, lo sé. En seguida partiré a otro país. Nunca recuperaré esta mujer, ni esta noche. Me inclino sobre cada segundo, trato de agotarlo; no dejo nada sin captar, sin fijar para siempre en mí, nada, ni la ternura fugitiva de esos hermosos ojos, ni los ruidos de la calle, ni la falsa claridad del alba; y sin embargo, el minuto transcurre y no lo retengo; me gusta que pase.
J. P. Sartre.
J. P. Sartre.
21.12.06
Del Estallido a la Felicidad
En las puertas del mismo local, pero con cinco años de diferencia, el relieve de dos postales.
Antes, en la calurosa noche del 20 de diciembre, el local de articulos del hogar estaba amurallado, y en la esquina ardían cubiertas y se escuchaban los estruendos de las cacerolas.
Anoche, en las puertas de ese mismo local, luminoso, ahora, adornado para la navidad, dos camiones descargaban electrodomésticos que, sin dudas, satisfacen, llenan, realizan, a los gritos estruendosos de la cada vez más lejana noche calurosa.
Antes, en la calurosa noche del 20 de diciembre, el local de articulos del hogar estaba amurallado, y en la esquina ardían cubiertas y se escuchaban los estruendos de las cacerolas.
Anoche, en las puertas de ese mismo local, luminoso, ahora, adornado para la navidad, dos camiones descargaban electrodomésticos que, sin dudas, satisfacen, llenan, realizan, a los gritos estruendosos de la cada vez más lejana noche calurosa.
12.12.06
La mujer habitada
Creía que esa chica había muerto en un accidente. Según decían, un 60 la había atropellado cerca de Constitución, mientras iba en bicicleta.
Esto fue hace un año. Era estudiante de Bellas Artes. Me la describieron. Pensé en ella. Me angustié. No lo podía creer.
Pero hoy, es la segunda vez que la veo en el subte, leyendo La mujer habitada (un libro que ella me había recomendado con cierto entusiasmo); hoy es la segunda vez que la veo con una vincha azul y un vestido floreado; sosteniéndolo, al libro que me había recomendado con cierto entusiasmo, con unas manos, apenas, manchadas con óleo rojo.
Las dos veces, bajó en Carlos Gardel.
Esto fue hace un año. Era estudiante de Bellas Artes. Me la describieron. Pensé en ella. Me angustié. No lo podía creer.
Pero hoy, es la segunda vez que la veo en el subte, leyendo La mujer habitada (un libro que ella me había recomendado con cierto entusiasmo); hoy es la segunda vez que la veo con una vincha azul y un vestido floreado; sosteniéndolo, al libro que me había recomendado con cierto entusiasmo, con unas manos, apenas, manchadas con óleo rojo.
Las dos veces, bajó en Carlos Gardel.
1.12.06
Exclusión
La muestra Exclusión, de Guido Chouela se puede visitar en el CCC.
Una de las fotografías presenta a un bife con la forma del mapa argentino, delante del bife hay un código de barras, y junto al bife, estos datos: “Población 36.000.000/// Producción anual de alimentos para 262.000.000/// Habitantes con insuficiencia alimentaria 14.500.000”.
Una de las fotografías presenta a un bife con la forma del mapa argentino, delante del bife hay un código de barras, y junto al bife, estos datos: “Población 36.000.000/// Producción anual de alimentos para 262.000.000/// Habitantes con insuficiencia alimentaria 14.500.000”.
28.11.06
Orquesta Típica
Ha pasado el suficiente tiempo como para que los que nacimos, más o menos, hace treinta años, y no crecimos con el murmullo del tango, de fondo, (re) descubramos a las orquestas típicas de los años 40 y 50. Ha pasado el suficiente tiempo como para que no tengamos que renegar de esa música. Y al zambullirnos, entonces, en Podestá, Di Sarli, Darienzo, Miguel Caló, nos encontraremos con la auténtica dimensión musical de estas orquestas, que tenían un anclaje profundamente popular y, además, un valor artístico notable.
21.11.06
Los entretenidos
La televisión, el fútbol, y ciertas prácticas políticas, ligadas con el clientelismo, son las bases que sostienen a la sociedad del entretenimiento, que produce, claro, sujetos entretenidos.
Un sujeto entretenido puede convivir y soportar o acostumbrarse, a circular en una sociedad con altos índices de pobreza, de desempleo, y desigualdad social.
Pero, el sujeto entretenido, se indigna, por ejemplo, si un fin de semana se suspende el fútbol. No puede permitir algo semejante. Tambien participa compulsivamente de las votaciones virtuales y de los debates del reality show televisivo del momento. Y forma parte, además, de cualquiera de las esferas de la estructura política clientelar.
La sociedad del entretenimiento se vuelve, entonces, al producir sujetos entretenidos, una forma de legitimar un modelo social y político profundamente desigual e injusto.
Un sujeto entretenido puede convivir y soportar o acostumbrarse, a circular en una sociedad con altos índices de pobreza, de desempleo, y desigualdad social.
Pero, el sujeto entretenido, se indigna, por ejemplo, si un fin de semana se suspende el fútbol. No puede permitir algo semejante. Tambien participa compulsivamente de las votaciones virtuales y de los debates del reality show televisivo del momento. Y forma parte, además, de cualquiera de las esferas de la estructura política clientelar.
La sociedad del entretenimiento se vuelve, entonces, al producir sujetos entretenidos, una forma de legitimar un modelo social y político profundamente desigual e injusto.
14.11.06
Puerto Apache

La vida se organiza a veces, sin que uno se dé cuenta, por un camino diferente del que llevaba.
Si pasa eso no se puede estar en Babia. Hay que seguirle el tren de vida a la vida. No es lo mismo que una mujer. Pero es casi lo mismo. La vida de vez en cuando tiene un tren de vida caro. A veces no alcanza la plata ni para los peajes. Pero es así. Son leyes. Puntos a los que se llega. Encrucijadas, diría Ángela, la prima de mi vieja, una mina triste, una buena mina, una mujer sin futuro. No todos los días se conoce a alguien sin futuro. Hay gente para la que ni siquiera la muerte es un futuro. Esto lo aprendí hace poco. Uno cree por ejemplo que un croto no tiene futuro. Cuidado. Por ahí tiene más futuro que vos. No tener futuro es otra cosa. Hay ricos que no tienen futuro. La guita no es el remedio para eso. Lo único que hace, la guita, es disimular el problema. Un punto con guita puede hacerte creer que tiene futuro. A veces parece que el futuro se puede comprar, como una cara nueva, una 4x4, o un viaje a las antípodas.
-¿Dónde quedan las antípodas? – me pregunta Cúper.
Puerto Apache.
Juan Martini.
8.11.06
La luna y las fogatas
Maurice Blanchot en Faux – paus, dice: “una novela lograda existe no como suma de ideas o de tesis, sino a la manera de una cosa sensible, y de una cosa en movimiento que se trata de percibir en su desarrollo temporal, a cuyo ritmo hay que adaptarse y que deja en el recuerdo no un conjunto de ideas, sino más bien el emblema y el monograma de esas ideas”. La luna y las fogatas de Pavese, sin dudas, es un ejemplo de este tipo de novela. Pavese hace invisible al lenguaje, y abre, a partir de esta invisibilidad, la percepción del mundo vivido: allí respira la experiencia del mundo vivido. El olor de las fogatas, por ejemplo, en alguna noche piamontesa, a orillas de un manso Belbo. Y las luces de Canelli, resplandecientes, como inalcanzables, bajo una luna cercada de oscuridad.
1.11.06
I Encuentro de Narradores y Poetas
La revista literaria Fledermaus organiza el I Encuentro de Narradores y Poetas en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires.
El programa completo se puede conocer aquí:
I Encuentro de Narradores y Poetas Organiza: Revi...
El programa completo se puede conocer aquí:
I Encuentro de Narradores y Poetas Organiza: Revi...
24.10.06
16.10.06
Confundido
Por Hernán Ronsino.
Llegué confundido a la obra de Di Benedetto.
A mí también me sucedió lo que Isidoro Blaisten cuenta en Las cosas que nunca nadie me explicó: en mi caso, siempre confundí a Antonio Di Benedetto con Antonio Dal Masetto. Pero eso sucedió hasta que, efectivamente, leí a Di Benedetto, y entonces, como pasa en todo encuentro con un gran creador, su estilo y su nombre se me volvieron inconfundibles e imborrables.
Uno de los primeros textos que leí de Di Benedetto, fue Enroscado incluido en el libro Cuentos Claros.
El universo de este cuento, de un padre y un hijo cargando con la figura de una mujer/madre ausente (En la casa que ha quedado vacía de madre, empieza diciendo el relato): está atravesado por el espíritu de la desolación y el desamparo: ese aire espeso es el que flota en las distintas piezas de las pensiones que recorren padre e hijo.
Por otro lado, el modelo familiar que predomina en Los suicidas y El silenciero, el de un narrador viviendo con su madre, y la figura de un padre ausente, en este cuento se alteran siendo la ausencia de la madre la que abre el terreno del desamparo y la pena.
Estoy hablando del cuento Enroscado. Incluido en Cuentos claros. Estamos hablando de Antonio Di Benedetto. Hoy podemos hablar de su obra. Participar de un homenaje a veinte años de su muerte, y a cincuenta años de la publicación de Zama.
Pero al consolidarse este procedimiento de homenajes, de alguna manera, se puede correr el riesgo de desactivar el espíritu crítico de su escritura, canonizándola; llegando a convertirse – hablar hoy de Di Benedetto – en un mero gesto formal.
Por lo tanto, teniendo en cuenta, justamente, el reconocido lugar que por fin ocupa en la literatura argentina, creo que es necesario mantener en un plano histórico el devenir de su escritura. Y, entonces, hablar hoy de Di Benedetto es también posicionarlo (como modelo de creación, como artista) frente a ciertas estéticas predominantes, porque, como dice Saer, las narraciones de Di Benedetto provienen de una profunda necesidad personal, indiferentes a la expectativa pública y a lo establecido. Y, sabemos, que lo establecido, casi siempre, no hace otra cosa que corporizar un ruido perecedero.
En definitiva, lo importante es que hoy, aquí, en la Biblioteca Nacional, podemos hablar de la obra de Antonio Di Benedetto como le gustaría al Silenciero, por encima de cualquier ruido dominante.
Texto leído en el Homenaje a Antonio Di Benedetto - Biblioteca Nacional - 10 de octubre de 2006
Llegué confundido a la obra de Di Benedetto.
A mí también me sucedió lo que Isidoro Blaisten cuenta en Las cosas que nunca nadie me explicó: en mi caso, siempre confundí a Antonio Di Benedetto con Antonio Dal Masetto. Pero eso sucedió hasta que, efectivamente, leí a Di Benedetto, y entonces, como pasa en todo encuentro con un gran creador, su estilo y su nombre se me volvieron inconfundibles e imborrables.
Uno de los primeros textos que leí de Di Benedetto, fue Enroscado incluido en el libro Cuentos Claros.
El universo de este cuento, de un padre y un hijo cargando con la figura de una mujer/madre ausente (En la casa que ha quedado vacía de madre, empieza diciendo el relato): está atravesado por el espíritu de la desolación y el desamparo: ese aire espeso es el que flota en las distintas piezas de las pensiones que recorren padre e hijo.
Por otro lado, el modelo familiar que predomina en Los suicidas y El silenciero, el de un narrador viviendo con su madre, y la figura de un padre ausente, en este cuento se alteran siendo la ausencia de la madre la que abre el terreno del desamparo y la pena.
Estoy hablando del cuento Enroscado. Incluido en Cuentos claros. Estamos hablando de Antonio Di Benedetto. Hoy podemos hablar de su obra. Participar de un homenaje a veinte años de su muerte, y a cincuenta años de la publicación de Zama.
Pero al consolidarse este procedimiento de homenajes, de alguna manera, se puede correr el riesgo de desactivar el espíritu crítico de su escritura, canonizándola; llegando a convertirse – hablar hoy de Di Benedetto – en un mero gesto formal.
Por lo tanto, teniendo en cuenta, justamente, el reconocido lugar que por fin ocupa en la literatura argentina, creo que es necesario mantener en un plano histórico el devenir de su escritura. Y, entonces, hablar hoy de Di Benedetto es también posicionarlo (como modelo de creación, como artista) frente a ciertas estéticas predominantes, porque, como dice Saer, las narraciones de Di Benedetto provienen de una profunda necesidad personal, indiferentes a la expectativa pública y a lo establecido. Y, sabemos, que lo establecido, casi siempre, no hace otra cosa que corporizar un ruido perecedero.
En definitiva, lo importante es que hoy, aquí, en la Biblioteca Nacional, podemos hablar de la obra de Antonio Di Benedetto como le gustaría al Silenciero, por encima de cualquier ruido dominante.
Texto leído en el Homenaje a Antonio Di Benedetto - Biblioteca Nacional - 10 de octubre de 2006
12.9.06
El Astillero (14)
Número 14 11/9/2006.Entrevista a Marcelo Cohen .El fantástico en vigilia .El país de la dama eléctrica .Sobre Marcelo Cohen .No (decimo cuarta entrega) .¿Qué leen los escritores? Leer Newsletter
4.8.06
Al mar

Parece un Capitán. Tranquilo, mirando el mar. Parece, es lo primero que me nace, un Capitán en el borde de un muelle, por ejemplo, sentado entre cuerdas que amarran y liberan; un Capitán que ha laburado, que se ha ganado, por decirlo así, el pan; y ahora, sereno, espera el vaso de vino, la noche, el refugio, los cuentos inventados por algún fulano; espera el suave frío trepándole por la cara, después, cuando el mar, el viento del mar, otra vez, se le hunda en el cuerpo.
Estos tipos, Cacho, por ejemplo, a mí, me han enseñado a escribir. Me han dicho, sin decir, lo que es la literatura. No hay Facultad que pueda enseñarme, lo que Cacho, o los tipos como Cacho, ese silencio doloroso aguantado en un rincón del Desarmadero de Porra; ese silencio de domingo al mediodía; la bicicleta junto al poste de luz; el broche en la botamanga; la piel, inexorablemente, hundiéndose, entre los pómulos; esa soledad larga, de fin del mundo: hasta que un día, de cualquier manera, no importa la forma, alguien deja caer, entre el fárrago de voces y de imágenes fugaces: “¿Cacho?, Cacho hace rato que murió.” Y entonces empieza otra historia, ésta, la que cuento, o la que narra la foto, prolongándose más allá del cuerpo de Cacho. Y entonces Cacho no limpia terrenos, ni se emborracha con un vino rancio; Cacho, ahora, es Capitán, y contempla el mar, tranquilo. Cacho se deja crecer, despacio, al ritmo de las barcazas que entran y salen del muelle, en el fondo de los ojos, como una luz, una zona mítica, lustrosa, que tiene el empecinamiento de la mugre debajo de las uñas. Cacho y el mar, por ejemplo. Cacho y un viaje largo, definitivo, ahí, entre las fisuras del horizonte.
20.7.06
6.7.06
Libros digitales
LIBROS DIGITALESUna lágrima sobre el mouse
En Internet, el e-book concita cada vez más la atención de lectores y escritores, atraídos por la facilidad de publicación y los bajos costos. El futuro de la edición en papel, un tema en debate.
En Internet, el e-book concita cada vez más la atención de lectores y escritores, atraídos por la facilidad de publicación y los bajos costos. El futuro de la edición en papel, un tema en debate.
25.6.06
El Astillero Número 13
Número 13 20/5/2006.María del Carmen Colombo .Sobre La muda encarnación .Textos de María del Carmen Colombo. Sobre María del Carmen Colombo. No (decimo tercera entrega) .¿Qué leen los escritores?Leer Newsletter
14.6.06
¿Debo escribir?
Indague cuál es la causa que lo mueve a escribir; examine si ella expande sus raíces en lo más profundo de su corazón. Confiésese a usted mismo si moriría, en el supuesto caso de que le fuera vedado escribir. Ante todo, pregúntese en la más silente hora de la noche: "¿Debo escribir?" Hurgue dentro de sí en procura de una profunda respuesta y, si esta resulta afirmativa, si puede afrontar tan serio interrogante con un fuerte y simple "debo", entonces construya su vida según esta necesidad Su vida, hasta en los más vacíos e insignificantes momentos debe convertirse en señal y testimonio de este impulso.
Rilke.
Rilke.
24.5.06
La construcción del héroe
Cada vez que llega el Mundial, dicen que se despierta un espíritu nacionalista, que solo resiste en el fútbol.
El fútbol, hoy en día, es un gigante negocio, que alimenta a una maquinaria capitalista fenomenal.
El espíritu nacional que aflora, cada cuatro años, con un mundial, no es sino un discurso alentado por los capitales nacionales y extranjeros que apelan a cierto nacionalismo, desflecado, internalizado en la escuela (infantil) que nos emociona y nos conmueve, para hacer su negocio. El fútbol es el espacio donde resiste ese sentimiento infantil, esa especie de nostalgia: lo que brota, entonces, no es un verdadero espíritu de nación, es un sentimiento de nostalgia, por algo que ya no existe (y el Mundial lo que hace, en un mes, es recrear la ilusión de lo perdido: algo así como la Invención de Morel). De esta manera, los capitales extranjeros explotan esa nostalgia construyendo un discurso nacionalista en Argentina, pero también en Togo o en Brasil: siendo la utilización de ciertos símbolos el negocio más claro y contundente. CTI, por ejemplo, nos dice que “nos une la pasión”. O Pepsi, toma a la figura de Messi para su publicidad, o Rexona nos dice que sólo el jugador debe transpirar, poniendo a Riquelme o a Ronhaldino en un lugar de explotación: el héroe nos debe divertir.
Precisamente, todo discurso que apela a la nacionalidad necesita de un héroe o de un símbolo (por ejemplo: la voz de Maradona narrando un comercial de cerveza Quilmes, comprada por capitales brasileños): en este mundial, el discurso que fabrican los capitales extranjeros, a través de la publicidad, en Argentina, gira alrededor de la figura de Messi, como héroe. Sin dudas es un jugador diferente, pero se lo ha elevado a la condición de “sucesor de Maradona” o de “elegido” antes de que estalle como verdadera figura, por ejemplo, en un Mundial. Por esto, la maquinaria capitalista construye al héroe como un producto (así aparece Messi vendiendo electrodomésticos, papas fritas o gaseosas), y lo instala como héroe antes del combate, antes de la pelea. Vendría a ser un héroe virtual, vacío, sin marcas de guerra. Un héroe, de 17 años, sin experiencia. Virgen. Una especie de Ulises sin Troya. Pero, como producto, sin dudas, un verdadero negocio.
El fútbol, hoy en día, es un gigante negocio, que alimenta a una maquinaria capitalista fenomenal.
El espíritu nacional que aflora, cada cuatro años, con un mundial, no es sino un discurso alentado por los capitales nacionales y extranjeros que apelan a cierto nacionalismo, desflecado, internalizado en la escuela (infantil) que nos emociona y nos conmueve, para hacer su negocio. El fútbol es el espacio donde resiste ese sentimiento infantil, esa especie de nostalgia: lo que brota, entonces, no es un verdadero espíritu de nación, es un sentimiento de nostalgia, por algo que ya no existe (y el Mundial lo que hace, en un mes, es recrear la ilusión de lo perdido: algo así como la Invención de Morel). De esta manera, los capitales extranjeros explotan esa nostalgia construyendo un discurso nacionalista en Argentina, pero también en Togo o en Brasil: siendo la utilización de ciertos símbolos el negocio más claro y contundente. CTI, por ejemplo, nos dice que “nos une la pasión”. O Pepsi, toma a la figura de Messi para su publicidad, o Rexona nos dice que sólo el jugador debe transpirar, poniendo a Riquelme o a Ronhaldino en un lugar de explotación: el héroe nos debe divertir.
Precisamente, todo discurso que apela a la nacionalidad necesita de un héroe o de un símbolo (por ejemplo: la voz de Maradona narrando un comercial de cerveza Quilmes, comprada por capitales brasileños): en este mundial, el discurso que fabrican los capitales extranjeros, a través de la publicidad, en Argentina, gira alrededor de la figura de Messi, como héroe. Sin dudas es un jugador diferente, pero se lo ha elevado a la condición de “sucesor de Maradona” o de “elegido” antes de que estalle como verdadera figura, por ejemplo, en un Mundial. Por esto, la maquinaria capitalista construye al héroe como un producto (así aparece Messi vendiendo electrodomésticos, papas fritas o gaseosas), y lo instala como héroe antes del combate, antes de la pelea. Vendría a ser un héroe virtual, vacío, sin marcas de guerra. Un héroe, de 17 años, sin experiencia. Virgen. Una especie de Ulises sin Troya. Pero, como producto, sin dudas, un verdadero negocio.
8.5.06
El Astillero Libros (número 12)
Número 12 25/4/2006.Verdades Flotantes .El canon de Leipzig .Nombres (cuento) .Sobre Luis Sagasti .No (decima segunda entrega) .¿Qué leen los escritores?Leer Newsletter
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